María Onetto quiere estar presente en la vida, quiere estar conectada con las cosas y actuar es uno de los modos que encuentra. Cuando esto acontece siente que “arde”, que transita la verdad y que se produce un encuentro que la ubica del lado que ella siente que su vida adquiere sentido. Estudió psicología y aclara “me recibí, no soy” y este modo que tiene de nombrar representa el modo que tiene de posicionarse, ya que para ella las palabras son importantes porque organizan y determinan. Cuando no las encuentra las busca en sus lecturas filosóficas o en la poesía. Cada una de sus ideas las transmite con claridad y las reflexiona cuidadosamente mientras se muestra genuina y receptiva en el diálogo. 

Este año estuvo signado por grandes interpretaciones teatrales que le valieron premios, reconocimientos y que la ubican como una de las actrices más importantes de su generación. Entre té y tostadas nos cuenta cómo piensa la profesión, cómo construye y arma sus personajes y qué piensa del reconocimiento.

-Psicóloga no, actriz sí ¿Cómo te habilitaste para ejercer tu profesión?
Me habilité tarde. Con respecto a la carrera no tenía ninguna convicción en ser psicóloga. Tengo un hermana que es psicoanalista y creo fue un modelo importante para mí, poner el deseo en marcha me estimulaba mucho. En ese momento estaba de novia con alguien que era ingeniero y que se puso a estudiar psicología, así que teníamos un ritmo exigente, me recibí muy rápido. Fui descubriendo que yo quería ir a fondo con la carrera entonces me metí en el Borda y ahí ya empecé a frustrarme, me sentía más angustiada que los pacientes. En ese momento mi alrededor se desestabilizó y decidí irme de viaje. Al retornar me pongo a estudiar para la residencia y mientras esto ocurría me llama Bartis, mi maestro, para preguntarme si me quería hacer cargo de los grupos de iniciación. Dejé de estudiar y empecé a dar clases, sentía que les venía bien a los alumnos. Cuando me fui del Sportivo me llama Spregelburd para trabajar en Raspando la cruz y ahí empecé.  Yo a mí misma lo de ser actriz me lo legitimé tarde, era algo tan deseado y tan alejado de lo que mi encuadre familiar y social esperaba, tan inestable que pasó un tiempo hasta que lo acepté.

-¿Cómo sobrellevas la incertidumbre entre un trabajo y el surgimiento de otro?
La transito bien, no tengo una actitud quejosa ni temerosa con la profesión. Tampoco estaba dispuesta a hacer cosas que a mí no me gustaran, quiero decir actuar en proyectos por cuestiones económicas, me resulta muy triste. Uno le pone el cuerpo a algo que si no te gusta el material tiene un costo, entonces en principio lo de dar clases me dio la tranquilidad para pensar que si no tengo trabajo como actriz la docencia me va a sostener. También empecé a estar atenta a lo financiero, a ahorrar, a tener un concepto del dinero y funcionó. 

Para vos el arte no es simulación ni mentira ¿a qué te referís cuando hablas del arte como algo verosímil? ¿Cómo es el proceso para construir un personaje bajo esta premisa? 
No soporto la idea de asociar la actuación con la mentira, la simulación o el fingimiento. Creo que en la vida uno finge más y si lo realiza en la actuación se nota, quedamos expuestos. Estoy haciendo Valeria Radioactiva que dice algo en lo que yo creo, “lo que es verdad es lo que imaginamos”. Yo pude no haber vivido una experiencia, de hecho la mayoría de mis papeles fueron de madre y yo no lo transite, pero puedo con mi sensibilidad y mi inteligencia comprender el fenómeno de ser madre o lo podría investigar. Te digo más, se me hace más verdadero como instancia todo eso que yo investigo. Si la actuación tuviera que ver con la experiencia aparece algo catártico. Sin embargo cuando en mundos que no te corresponden filtras cosas propias, lo filtras pero en términos emocionales. Yo la idea del dolor la tengo, me han dolido cosas, puedo filtrar a través de la idea de sufrir por un hijo un dolor que no tenga que ver tal vez con el tema de un hijo. Por esto creo que importa el campo imaginario, porque la madre que yo haga va a ser una madre singular  no una estándar. Yo la estoy imaginando porque es mi cabeza con lo que vivió de su madre, de ver a otras madres, que hace una síntesis de una madre particular que la traduce en un cuerpo, que tiene una energía que hace a mi forma de ser madre. Es mi propia síntesis, además tengo el texto que marca el director. Por esto para mí es más verdadero, por eso vivo la experiencia y creo que por eso actúo. Cuando actúo estoy más en foco que nunca, estoy obligada a estar concentrada. Paso mucho tiempo trabajando y ensayando los textos, mi cuerpo está al servicio de eso. Por otro lado el deseo de actuar, de hacerlo bien, de que para el espectador sea una experiencia que no te deje aplaudiendo sino que te deje inspirado, hace que las intensidades puestas ahí sean mucho más grandes. Si yo actuara en la vida así me internan. Una sale más ardiente y por eso siento que es completamente opuesto a la idea de fingir, mentir o simular.

-¿La actuación te lleva a trabajar sobre temas tuyos no resueltos?
Todo el tiempo. Soy indagadora de mi misma, yo quiero estar presente en la vida, quiero estar conectada con las cosas. Estudiar teatro amplía mucho el autoconocimiento de lo que sí y de lo que no, cuando vos decidís meterte con los puntos de conflicto es donde algo empieza a ampliarse. Actuar siempre es un placer ya que te da la posibilidad de indagar mundos que no te corresponden. No soportaría un vida rutinaria, repetitiva. Observo esas vidas y pienso ¡qué lindo! pero no encuentro satisfacción.

El teatro te devuelve a la realidad más permeable y con menos prejuicios.

-En la época Isabelina estaba prohibido por ley que las mujeres sean actrices entonces los aprendices varones ejercían esos roles ¿Cómo pensás lo que sucede con tantas mujeres que interpretan roles pensados para hombres? ¿Crees que es una reivindicación?  
En el caso de Potestad fue una elección de Briski ya que el personaje es una zona, no tiene que ver con un sexo. Hace poco paso con una obra de Beckett que le sacaron los derechos al San Martín, la orden es que todos los personajes tiene que ser hechos por hombres y había dos actrices.

Yo estoy muy atravesada por el feminismo y lo llevo a cualquier papel. La verdad no estoy interesada en ser hombre, yo estoy interesada en ser mujer y que ese lugar sea reivindicado. Siento que por la cantidad de recursos que tenemos nosotras si hemos indagado mucho que es ser hombre. Yo puedo actuar a un hombre porque he pensado sobre ellos y no sentí eso al revés, no sentí la reciprocidad. Muchas veces en estos hombres que necesitan sentirse admirados, no ven en una mujer una persona sino alguien que cumple un rol, yo muchas veces me sentí así. Esa persona amparada por el patriarcado se siente legitimada, y si le digo que no está pensando en mí hasta podría molestarle. El feminismo nos atraviesa a las actrices y a los materiales. Hay cosas que ya no se pueden actuar. 

-Hubo un momento histórico donde la Aristocracia decidió comenzar a pagarle a los actores, el teatro del que todos participaban y que era popular cambió ¿Las cuestiones de dinero, rentabilidad, te molestan? ¿Crees que afectan de algún modo?
El capitalismo está en todo, en términos de rendir y producir algo que rinda. También pasa que algo vende y aunque sea malo el productor no corrige y eso somete a la actuación. Se comienza a percibir que le gusta a la gente y lo repetís para dar satisfacción al que te viene a ver. Se arma una complicidad muy desagradable. Esto que se arma no es actuación ni teatro sino entretenimiento. Si no tenes cintura en el capitalismo vivís alienado, la vida no tiene sentido. 

-Hay una lectura del teatro comercial que muchas veces se asocia al entretenimiento y otra del teatro independiente vinculada al teatro en cuanto arte ¿Creés que es así?
Yo creo que no hay diferencia, no creo que sea patrimonio de un tipo de teatro. Si creo que el teatro independiente asume más riesgos que el comercial no puede afrontar, porque necesita más público y más ingresos. Lo que está bueno es pensar sobre lo que uno hace como actor/actriz. A veces se arma una situación careta donde nadie dice que lo que se está haciendo no está bueno y uno está expuesto. Sí noto que en el teatro comercial actualmente hay más entretenimiento que teatro y no está bueno que nombremos a espectáculos de entretenimiento como teatrales porque son otra cosa. También me preocupa que un espectador que no conoce de teatro diga: ah bueno el teatro es esto. No, no es eso y me angustia. En el entretenimiento no hay un pensamiento circulando, tampoco reflexión o poesía. 

-¿Cómo te llevas con el reconocimiento de los directores que te eligen para trabajar?
Noto que hay buenos actores y actrices que dicen que hacen lo que les toca. Yo creo que esta también en uno pensar porque no lo llaman para otra cosa, pensar si capaz hay que volver a entrenar, pensar como llegar a aquel que me interesa, uno es el resultado de las personas que nos miran. Yo me siento muy honrada de ser llamada por quienes respeto. Estoy muy al servicio del director, quiero venirle bien y quiero que las cosas que no me salen y que la dirección necesita me salgan. Esto influye para que quieran trabajar conmigo porque no voy a poner mi ego por encima. Yo quiero mucho al teatro y quiero que el proyecto funcione bien, pienso en mi trabajo pero quiero ser una fuerza más en la creación. No naturalizó que me llamen, lo valoro mucho. 

-Trabajaste con los mejores tanto en teatro, cine y televisión ¿Hay algún director o directora que esté pendiente?
Tolcachir, Federico León, Pompeyo Audivert, Bartis otra vez, Ciro Zorzoli.

-¿Pensás en dirigir?
Sí me gustaría, estoy cerca, en 2020 empiezo a trabajar. Quiero adaptar una novela que se llama Hormigón. Habla de alguien con una exigencia extrema que quiere escribir algo y no puede ni una página. Estoy con miedo, soy muy crítica. Tengo que ver si tengo un lenguaje de dirección interesante, si los actores me siguen. Trabajé con directores tan buenos que sé lo que es un buen director.  Estoy muy interesada en contar algo de esa novela, de entregárselo al mundo.

María Onetto regresa en 2020 con las tres obras que este año estuvieron en cartel. Por un lado Potestad bajo la dirección de Norman Briski, la cual le valió un ACE por su actuación. Valeria Radioactiva bajo la mirada de Javier Daulte y La persona deprimida que dirige Daniel Veronese. 

Me regala una frase que adopta como un modo de vida y que creo que todos deberíamos tener en cuenta. “Libremente cautiva” dice, la leyó de Kant. “Una está cautiva, nosotras acá sentadas lo estamos, nos toca buscar la libertad en esta marca que tenemos, para mí es esa la ley. Una tiene que generar y preguntarse por una misma, hay que asumir una posición”.

Fotografía gentileza El cronista.

Autora: Guillermina Garzia.