Mónica Cabrera es dramaturga, docente, directora y actriz de teatro, cine y televisión. Una mañana decidí escribirle y amablemente aceptó encontrarse a tomar un café. Es divertida, ocurrente, generosa y sumamente respetuosa. En todo momento se ocupa para que uno se sienta bien. En algunas ocasiones intervino y se preocupó por Nancy, la moza que nos atendía y que estaba sola en el local. Le dijo que podíamos firmar para pedir que ella tenga un compañero. Luego, a modo de chiste, la llamaba diciéndole “súbdita” y nuestros vecinos de mesa reían. Para ella es importante “hacer reír”, como un modo de soportar el espanto.  Yo creo que para ella lo importante es darle lugar al otro, acoger la diferencia. Le propuse que develemos juntas cómo llegó a ser artista y aquí se los comparto.

-Empecemos por la infancia ¿Es verdad que querías ser escritora?

Sí, escritora y pintora. Aprendí a leer a los 3 años, me enseñó mi madre porque la imitaba y le leía a mi perro. Era la más chica y estaba sola, así que leía cualquier cosa, me parecía que eso era lo que tenía que hacer.

– ¿Y cómo se da el paso al mundito del teatro?

En el colegio Pellegrini. Era parte de la Federación Juvenil Comunista y se hacía una vez por año la campaña financiera, entonces uno de mis compañeros propuso hacer una obra de teatro. Me dieron un libro y me pidieron que la dirija. Leí la obra, era Sempronio de Agustín Cuzzani. La adapté, al Altísimo Comisionado lo transformé en mujer, hice el vestuario y empecé a dirigir.

-¿Por qué  transformaste el Comisionado?

Porque era muy difícil el personaje y creía que la que mejor lo podía hacer era yo y todos estuvieron de acuerdo. La obra salió muy bien, intuitivamente sacaba cuáles eran los mecanismos.

-¿Cuándo decidís formarte como actriz?

A los 17, mis compañeros me dijeron que había otro secundario en el cual daban teatro, era en  Juncal y Arroyo y fui. Ellos eran estudiantes de Alejandra Boero y yo estudié con ella, estábamos en plena dictadura, una época terrible.

-¿Cómo fue pasar la adolescencia en plena dictadura?

Era una época siniestra. Yo me saqué el documento un poquito antes de Alfonsín, me habían avisado del partido que si iba al departamento central me iban a dejar ahí. Me fui a Chilecito un tiempo y después volví y no sabía qué hacer. Quise entrar al Prilidiano Pueyrredón para hacer pintura y no me daban el analítico en el “Pele”, me decían que yo no había estudiado ahí. Para mí, quemaron los legajos.

En ese momento creí que realmente íbamos a hacer la revolución, que iba a cambiar la situación de poder, que íbamos a tener un gobierno popular y después el partido ubicó a Videla como un oficial progresista y yo me fui. Nunca más milité en un partido.

-¿Cuándo decidís empezar con la dramaturgia?

Di clases en lo de Alejandra desde muy chica y ahí adapté textos en un nivel que se llamaba comedia del arte. Yo no escribía porque si ya había escrito Tolstói yo no tenía nada que agregar. Después pensé,  bueno por ahí no hago una gran cosa pero lo voy a hacer por gusto, y lo hice. A los 40 años empecé a escribir para mí, algunas obras estrené, otras no, fue en 1996.

-Hacés muchos juegos con el lenguaje y usás el humor para exhortar a los espectadores a que se hagan preguntas ¿Cómo es el proceso creativo?

Soy negativa y entonces el humor fue mi remedio para lo oscuro y todo lo que me inquieta. El humor recubre y es el recipiente de lo que yo no soporto, al mismo tiempo no tengo otra cosa de que hablar.

No escribo con un sentido. Yo escribo y lo dejo ahí, después pasado un tiempo lo encuentro. Puedo armar algo con eso porque ya no me pertenece y puedo trabajar. Pongo la disociación al servicio de otra cosa, es saber apoyarse en los defectos y hacer algo con eso.

-¿Cómo es trabajar y hacer todo sola? 

Lo  hice después de cansarme de estar en compañías grandes. Me cuestan las grandes organizaciones, me da más miedo estar con gente que estar sola. Cuando dirijo entiendo todo, cuando me comprometo en el vínculo no entiendo, me cuesta leer al otro.

 -En tus obras convergen muchos personajes y muchas voces ¿buscás que esto sea así?

No me doy cuenta de lo que hago, a veces me lo aclaran los otros. Colihue me editó un libro y Patricia Espinosa me hizo los comentarios y charlando con ella me di cuenta de cosas que yo no sabía. Tengo la impunidad de lo infantil y el juego, sale todo lo que me esta pasando, lo que no puedo elaborar, teorizar, exponer sale ahí. Lo infantil me permite hacer la actividad creativa.

-Cuando empezaste a trabajar para vos y tus unipersonales, llegó el 2001 ¿cómo fue ese momento?

Supervivencia. Ensayaba en El Recoleta y vendía comida para la gente que trabajaba y con eso sobreviví.  En ese contexto estrené Arrabalera y para mí era heroico, ya era una mujer grande.

El contexto actual y este gobierno también hicieron algo. En 1976 asumí la derrota y eso me hizo crecer. Y este gobierno me agarró mal porque no sabía que iba a discutir cosas que pasaron hace 30 años, volví a la colonia. Me dan miedo los que no asumen una posición, los que sí lo hacen uno los identifica y se corre, pero a los otros les tengo miedo.

-¿Protocolo Cabrera surge en el actual contexto?

Sí, me grababa y subía los vídeos a Internet. De pronto empecé a recibir comentarios y mensajes de la gente, me abrazaban y me felicitaban. Entonces me comprometí a hacer la obra, que es algo que hago mucho y me ayuda. Si yo me reía del monstruo iba a ayudar a otros y así surge Pocha, la señora que lo votó. Yo no me la quería agarrar con la gente sino con los que armaron la cosa.

-¿Qué opinión tenés del movimiento feminista?

Yo toda la vida fui feminista. Me parece maravilloso todo lo que se armó, espero que no se corrompa. Yo fui víctima por ser una mujer que dirigía y le decían cómo eran o tenían que ser las cosas. Los tipos no me hablaban a mí, le hablaban a otro tipo que estaba en el grupo. El machismo te corre de los lugares, te impone un sentido común, es terrible. Soy feminista no tengo otra alternativa.

-¿Vas al teatro?

Mucho. Me invitan y voy.

-¿Qué obras te han gustado de las últimas que viste?

Hipervínculo, Todo piola.

-¿Qué dramaturgos  te gustan?

Jorge Lavelli, Alejandra Boero, Javier Daulte, Kartun, Tolcachir,  Nelson Valente.

-¿Cuáles son tus planes para el 2020?

Cuidar mi salud, estrenar una obra con Gustavo Tarrío y un grupo de actores jóvenes y hacer algo con un título que escribí y que miro todos los días un poco.

“No tengo otra alternativa, no sé de qué otra otra cosa hablar, es lo que tengo que hacer”. Con estas frases terminan muchas de sus respuestas, las cuales dan cuenta del compromiso que ella tiene consigo y con los otros. En un momento me dijo que ella hubiera querido ser política pero que no podía. Tal vez no lo sea en una banca, pero no hay dudas de que su acto creativo es político. El objetivo está cumplido.

Pueden verla en “Protocolo Cabrera”, el sábado 30 de noviembre a las 22:30 hs. en Paramo Cultural , Carlos Calvo 3974.

Guillermina Garzia.