Yo soy el Pueblo.


Autoría: Cristina Escofet/: Elenco: Lorena Vega/ Dirección: Andrés Bazzalo/ Asistencia de dirección: Pablo Cusenza Dirección Musical: Agustín Flores Muñoz/ Música Original: Agustín Flores Muñoz, Sebastián Guevara, Malena Zuelgaray/ Músicos en vivo: Agustín Flores Muñoz, Martín Miconi, Malena Zuelgaray, Victoria Tolosa/ Diseño de iluminación: Soledad Ianni/ Diseño de vestuario: Adriana Dicaprio/ Sala: Teatro Picadero, Enrique Santos Discépolo 1857/ Funciones: Jueves 20:00 hs / Opinión: Excelente

Gentileza Prensa Marisol Cambre.

En el escenario, acostada sobre un diván está ella. Quiere ser escuchada y para que eso suceda habla, cuenta su historia. Detrás un espejo. La imagen que se proyecta, la imagen que vuelve. Recuerdos, sueños, deseos. De pronto suenan unas notas, las voces completan la escena. De frente, en semicírculo ante el público, las cartas que permiten ubicar el marco sobre el que se despliega la historia de Encarnación Ezcurra: la negra Toribia, la mujer de Rosas, la que mintió para poder casarse, la mujer de temperamento firme e impetuoso. Estratega, operadora política, artífice en las sombras de la Revolución de los Restauradores se nombra y dice “Yo soy el Pueblo”.

Yo, Encarnación Ezcurra narra los últimos momentos de la vida de una mujer que fue oídos y ojos de su esposo, Juan Manuel de Rosas. El texto que tiene como autora a Cristina Escofet, se centra en las cartas que ellos mantuvieron cuando Rosas estaba en la campaña del desierto. A lo largo de la puesta se construye la identidad y se comprende el lugar crucial que desempeñó en el escenario político.

Lorena Vega despliega toda su capacidad interpretativa en escena permitiendo que uno pueda imaginar y conocer a Encarnación. Ella seduce bailando sutilmente, la música la atraviesa como el poder. Se esconde bajo un poncho mientras cuenta estrategias, le grita a los traidores de “poder aguachento”y reconoce a los aliados. Le habla a su suegra, se ríe de su ingenio, juega con el público y no se puede dejar de mirarla. En un momento se hace un rodete mientras habla de las capas populares y la asociación a Evita es inevitable. Si hiciéramos el ejercicio de taparnos los oídos podríamos  igual entender o sentir porqué vibra y trasciende. Completando la escena se encuentran tres músicos y sus instrumentos folclóricos, los cuales intercambian preguntas con la protagonista generando dinamismo. La iluminación de Soledad Ianni refuerza los diversos climas y tensiones de la historia. Todo lo que está en escena hace que esta puesta crezca cada vez.

La dirección de Andrés Bazzalo es solvente, cada una de las acciones que ejercen los intérpretes están muy bien trabajadas y pensadas. De inicio a fin uno está adentro de la historia, atento a cada palabra, a cada gesto porque todo cuenta.

Esta obra nos muestra las exigencias de aquél que accede al poder y el valor de la construcción de los lazos para sostenerlo. En este momento histórico donde las mujeres pueden alzar su voz, esta obra no se queda atrás. Cuenta la historia de alguien que, teniendo vedado el poder, supo participar de modo activo en las decisiones y acciones importantes de su época. Así también narra una historia de amor, lealtad y compromiso.

Autora: Guillermina Garzia.